* de Luis de Góngora
** de Niels Bohr
foto: Samuel Beckett contempla perro y gato, tomado de Entre Gulistán y Bostan

lunes, 13 de diciembre de 2010

Pregunta y respuesta-de MASA Y PODER, Elias CANETTI

Toda pregunta es una incursión. Cuando la pregunta se ejerce como
medio del poder, penetra como una navaja que cortase el cuerpo del
interrogado. Ya sabemos lo que podemos encontrar dentro; pero queremos
encontrarlo y tocarlo realmente. Con la seguridad de un cirujano
penetramos en los órganos internos. El cirujano mantiene en vida a su
víctima para averiguar cosas más precisas acerca de ella. El que
pregunta es un tipo peculiar de cirujano que trabaja conscientemente
provocando dolores locales e irritando determinadas zonas de la
víctima para saber algo seguro acerca de otras.
Las preguntas esperan respuestas; las que no obtienen respuesta son
como flechas disparadas al aire. La pregunta más inocente es la que
permanece aislada y no arrastra de sí ninguna otra. Le preguntamos a
un desconocido por un edificio. Nos lo señala. Nos conformamos con
esta respuesta y seguimos caminando. Hemos retenido un instante al
desconocido. Le hemos obligado a recordar. Cuanto más clara y puntual
sea su respuesta, más rápidamente se librará de nosotros. Ha entregado
lo que esperábamos y no tiene por qué volver a vernos.
Pero el que pregunta podría no estar conforme y seguir interrogando.
Cuando las preguntas se acumulan no tardan en irritar al interrogado.
No solo lo retenemos exteriormente; con cada respuesta muestra una
nueva faceta de sí mismo. Puede que sean cosas sin importancia y
superficiales pero le han sido exigidas por un desconocido. Guardan
relación con otras que yacen más ocultas y él considera más
importantes. La irritación que experimenta se convierte muy pronto en
desconfianza.
Porque el efecto de las preguntas consiste en aumentar el sentimiento
de poder del que interroga; le incitan a seguir preguntando. Cuanto
más ceda a las preguntas, más sometido quedará quien responde.
La libertad de la persona consiste sobre todo en su capacidad para
protegerse de las preguntas. La tiranía más opresiva es la que se
permite hacer la pregunta más opresiva.
Sensata es una respuesta que pone fin a las preguntas. Quien puede
permitírselo recurre a las réplicas; este es un medio probado de
defensa entre iguales. Aquel a quien su posición no le permita
replicar, deberá dar una respuesta exhaustiva y revelar lo que el otro
pretende averiguar, o bien quitarle, recurriendo a la astucia, las ganas
de seguir indagando. Puede reconocer la superioridad del que le
interroga adulándolo, de modo que este no necesite manifestarla él
mismo; o bien puede desviar su atención sobre otros, a los que sería
más interesante o productivo interrogar. Si es hábil en la simulación,
podrá desdibujar su identidad, la pregunta irá entonces, por así
decirlo, dirigida a otra persona y la respuesta ya no le incumbirá.
Todo preguntar, que en última instancia pretende desmontar al
interrogado, se inicia como una palpación que va intensificándose y
llega a diferentes zonas. Donde encuentra poca resistencia, penetra.
Lo que extrae lo pone a un lado para utilizarlo posteriormente; no lo
aprovecha enseguida. Primero deberá encontrar ese algo bien definido
que anda buscando. Detrás de toda pregunta se esconde siempre un
objetivo perfectamente consciente. Las preguntas indeterminadas, las
de un niño o un tonto, no tienen tanta fuerza y son fáciles de contestar.
Cuando se exigen respuestas breves, concretas, las situación es de lo
más peligrosa. Una simulación convincente o una metamorfosis de fuga
con pocas palabras es entonces difícil, cuando no imposible. La manera
más simple de resistirse es hacerse el sordo o fingir que no se ha
entendido. Pero esto solo funciona entre iguales. De lo contrario,
cuando el más fuerte interroga al más débil, la pregunta puede
formularse por escrito o traducirse. Una respuesta es, entonces, mucho
más comprometedora. Podrá ser comprobada cuando el adversario lo
solicite.
Quien carece de defensas exteriores se retira a su armadura interior:
esta armadura interna contra la pregunta es el secreto. Es como un
segundo cuerpo, mejor protegido, que se alberga en el primero; quien
se le aproxima demasiado puede recibir sorpresas desagradables. El
secreto es como algo más denso, aislado de su entorno y mantenido en
una oscuridad que solo unos cuantos son capaces de iluminar.
Lo peligroso del secreto se sitúa siempre por encima de su contenido
propiamente dicho. Lo más importante, es decir, lo más denso en el
secreto es su capacidad de resistencia frente a la pregunta.
Callar ante la pregunta es como el rebotar de un arma contra el escudo
o la armadura. Enmudecer es una forma extrema de defensa, en la que
ventajas y desventajas se equilibran. El que enmudece no queda a
merced de nadie pero parece más peligroso de lo que es. Se supone que
hay en él más de lo que calla. Ha enmudecido solo porque tiene mucho
que silenciar; tanto más importante es entonces no liberarlo.
El silencio obstinado conduce al interrogatorio meticuloso, a la tortura.
Pero la respuesta nos aprisiona siempre, incluso en circunstancias
normales. Ya no podemos abandonarla sin más ni más. La respuesta nos
obliga a situarnos en un lugar determinado y a permanecer en él,
mientras el que interroga puede apuntar desde cualquier ángulo; nos
rodea y elige la posición que más le convenga, como quien dice. Puede
rondar en torno al otro, sorprenderlo y confundirlo. El cambio de
posición le confiere una especie de libertad que el interrogado no
puede tener. Intenta atraparlo con la pregunta como con una mano, y
cuando logra tocarlo con ella, es decir, obligarlo a dar una
respuesta, lo tiene como hechizado fijándolo en un sitio. "¿Quién
eres?" "Soy Fulano". Ya no podrá ser otra persona, o su mentira le
creará dificultades. Ya le han arrebatado la posibilidad de escapar
por metamorfosis. Si el proceso se prolonga puede considerarse como
una especie de encadenamiento.
La primera pregunta se refiere a la identidad, la segunda al lugar.
Como ambas presuponen el lenguaje, interesaría saber si es concebible
una situación arcaica, que haya existido antes que la pregunta
formulada en palabras y correspondiese a ésta. En ella, lugar e
identidad deberían coincidir; lo uno sin lo otro carecería de sentido.
Esta situación arcaica efectivamente ha existido. Es el vacilante
contacto con la presa. ¿Quién eres? ¿Se te puede comer? El animal,
incesantemente en busca de alimento, toca y olfatea todo lo que
encuentra. Mete sus narices en todas partes; ¿se te puede comer?
¿A qué sabes? La respuesta es un olor, una resistencia a ceder, una
rigidez inerte. El cuerpo extraño es, en este caso, su propio lugar, y
olfateando y tocando nos familiarizamos con él, lo que en el género
humano equivaldría a nombrarlo.

de Elementos del poder-en MASA Y PODER-Elias CANETTI-
trad. Juan José del Solar-edit. De Bolsillo

3 comentarios:

  1. Canetti es uno de esos autores fundamentales. Clarividente y crítico, sus libros de Aforismos, Apuntes, etc. son verdaderas joyas para la reflexión. "Masa y Poder" es una obra de la que se habla poco, pero que es producto imprescindible de disección de los comportamientos sociales por parte de quien conoció de cerca toda la barbarie fundamental del siglo XX en el marco de las naciones occidentales.

    Por último, no puedo dejar de mencionar su novela "Auto de fe". También es un libro olvidado, pero número uno en calidad narrativa y literaria.

    Me alegra ver que se menciona en un blog a este hombre importante. ¿Por qué será que el siglo XX, que tiene una pléyade de intelectuales, ensayistas y escritores de novela, bastante amplia y de hondo calado, está siendo olvidado? Hay que recuperar a los clásico del siglo pasado. Canetti es uno de ellos, fundamental y un placer leerle.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Es cierto lo que dices, Fackel. Hace tres años, en el verano, empecé a transcribir por capítulos Masa y poder para un foro ya desaparecido por desgracia, y lo hice con placer, y con ahínco, pues alguien comentó que desde su remoto lugar no llegaban los libros de Canetti, y me dije que éste sí que le llegaría, aunque fuera por entregas. Un libro como ése, que durante cuarenta años había estado escribiéndose, me pareció que debía ser esparcido todo lo posible. Por ello salen así de "raros" los renglones, porque lo he copiado-pegado del correo y no hay manera de cambiar el formato.
    Me parece una obra sencilla y maestra,especialmente por cómo relaciona y sitúa, al ser humano con el mundo, en todo su trayecto histórico, y sin embargo parece que habla desde dentro de cada hombre, antiguo y contemporáneo; sí, me alegro mucho de compartirlo contigo, y no será la última entrada que ponga de él.
    Cordial saludo
    k

    ResponderEliminar
  3. Un libro extraordinario. Cuando comencé a leerlo no podía interrumpir su lectura. Quedé, y sigo, fascinado por las "mutas", las "órdenes dardo", los "cristales de masa"... En mi modesta opinión, es una obra fundamental para comprender los terribles acontecimientos acaecidos en los dos últimos siglos. Son muchos los pensadores -Baudrillard, por ejemplo- en cuya obra se percibe la influencia de esta de Canetti.

    Salud.

    ResponderEliminar